Ecos del Evangelio

31 agosto, 2019 / Carmelitas
XXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

LA HUMILDAD Y LA INCLUSIÓN DE LOS POBRES

 

En este mes en que la Iglesia nos invita a conocer más a Jesús de Nazaret, a encontrarnos con Él a través de la lectura orante y reflexión profunda de la Palabra. Pidamos al Espíritu Santo que ésta vaya impregnando todo nuestro ser y así podamos imitar las actitudes de Jesús que nos manifiesta a través de los evangelios, en nuestra vida cotidiana.

 

Durante este ciclo litúrgico hemos venido escuchando en el evangelio de Lucas. Hoy nos presenta a Jesús en su itinerario hacía Jerusalén, en el cual va enseñando en pueblos y ciudades.

 

En el fragmento de este domingo, inicia describiendo que Jesús fue a comer el día sábado, es decir el “día solemne para los judíos” y la comida, el banquete también era especial ya que los invitados son gente distinguida.
El “banquete” era una ocasión no solamente para sentarse a la mesa y disfrutar de la comida y compañerismo. Era también una oportunidad para presentar una ex ponencia o discurso seguido por un diálogo sobre la presentación.

 

En este ambiente donde es posible que la mayoría fueran fariseos así como el anfitrión. Como es sabio que algunos de ellos están pendientes de los gestos y palabras de Jesús para acusarlo. Jesús como gran pedagogo observa, cómo los convidados van ocupando los primeros lugares, y aprovecha para trasmitir una enseñanza a través de la parábola. “Cuando te inviten a un banquete de bodas, no te sientes en el lugar principal, no sea que haya algún invitado más importante que tú, y que los invito a los dos venga a decirte: Deja el lugar a éste…”

 

En esta primera parte del fragmento del evangelio, el tema central es la humildad. Actitud imprescindible en la vida cristiana de toda persona.

 

Así nos lo describe también hermosamente la primera lectura del libro del (Eclo.3,17ss) Nos hace esta invitación a proceder con humildad en todo lo que realicemos. Ya que “sólo los humilde le dan gloria a Dios”. Hacernos pequeños como María de Nazaret, que responde el al proyecto de Dios reconociendo su pequeñez; como San José que con actitud humilde colaboró de forma silenciosa, pero luminosa en la obra de la Redención. Y el Humilde por antonomasia nuestro Señor Jesucristo: que vino a manifestarnos con su vida y enseñanzas el Rostro Humilde de Dios, desde su Encarnación hasta su retronó a la Casa del Padre. Jesús nos dice con precisión y claridad que el ser humilde, el actuar con humildad nos engrandece.

 

En este fragmento del evangelio Jesús nos deja otra enseñanza: ¿Cuándo hagamos nuestras fiestas o festines a quiénes debemos invitar, incluir? A los pobres. Es el tema central en su proyecto evangelizador.

 

La Iglesia, l@s consagrad@s, debemos tener muy presente en nuestro misión apostólica “La opción preferencial por los pobres”, como nos lo recordaron los obispos latinoamericanos en sínodo celebrado en la ciudad de Puebla, unos años después del Concilio VII.

 

Para concluir quiero hacer mención de la Santa Madre, San Teresa y su frase célebre. “Humildad es andar en verdad” y con la inclusión de los más necesitados también se practica el valor de la humildad.

 

En esta primera semana de este mes mi compromiso podría ser: fortalecer en mí el valor de la humildad y ayudar con acciones concretas a los más necesitados, a los pobres.

 

Que Dios nos bendiga y le demos gloria con nuestras obras.

 

 

Hna. María Guadalupe Barba Vásquez CSJ

 

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