Ecos del Evangelio

7 septiembre, 2019 / Carmelitas
XXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

EL SEGUIR A JESÚS CONLLEVA UNAS EXIGENCIAS

 

 

En este XXIII domingo, el autor del libro de la sabiduría en la primera lectura nos hace tomar conciencia de nuestra pequeñez como personas, de lo limitados que es nuestra inteligencia ante Dios. Si Él no viene en nuestra ayuda con su sabiduría no podremos conocer y acoger su proyecto de salvación.

 

Pidamos al Padre nos dé este don de sabiduría para saber discernir las situaciones, actuar con prudencia y recta intención en nuestro diario vivir. Sólo con este don estaremos capacitados para seguir al Maestro.

 

San Lucas en su evangelio, nos presenta a Jesús en su itinerario a Jerusalén, en este caminar Jesús hace sus pausas para seguir enseñando. Esta vez se dirige a sus discípulos para aclararles que si desean seguirlo hay unas condiciones radicales.

 

Y estas consisten en posponer a los Padres y familiares, es decir el seguimiento a Jesús implica que Él sea lo primordial, en mi vida. Seguir a Cristo significa ponerlo al centro de mis Ser y Hacer.

 

La propuesta que Jesús nos hace de seguirle la hemos de asumir con seriedad y radicalidad. Así como Él lo va realizando, Él tiene plena conciencia de que al llegar a Jerusalén le espera la muerte y muerte de Cruz…

 

Necesitamos tener presente que si no cargo con mi cruz y le sigo, no puedo ser su discípul@.

 

El seguir a Jesús exige no poner condiciones, en aceptar con docilidad su voluntad, en estar disponibles para seguirle a pesar de las dificultades y riesgos.

 

También Jesús dice de una forma más gráfica pero profunda, que hay que discernir, hacer un cálculo, ahondar en lo que significa seguirle y no decirle Sí y luego “siempre No”.

 

Necesitamos lo que diría Santa Teresa una: “determinada determinación” Y como aconseja Ella misma “Poned los ojos en el crucificado y todo se os hará poco” MVII 4,8).

 

En el fragmento del evangelio, Jesús concluye recordándonos que si no somos capaces de renunciar a todos los bienes no puedo ser su discípul@.

 

Nos podría ayudar el preguntarnos:

¿Cuáles son esos bienes que no me permiten seguir a Cristo con todo mi corazón y con todo mí ser?

¿Qué bienes quitan espacio para segur con más libertad a Jesús?

¿Busco los bienes de arriba donde esta Cristo?

¿Cómo es mi seguimiento a Cristo en este momento de mi vida?

¿Estoy dispuesta a seguirle aunque tuviese que pasar por el martirio?

Si analizo con sinceridad mi escala de valores ¿Qué lugar ocupa Cristo en mi vida?

 

 

Agradezcamos al Señor el tener la predilección de llamarnos a participar en la extensión de su Reino.

 

Es una buena oportunidad para renovar nuestro “Sí”, y seguirle con más radicalidad como discípula misionera aquí y ahora.

 

 

Hna. María Guadalupe Barba Vásquez CSJ

 

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