Ecos del Evangelio

8 septiembre, 2018 / Carmelitas
XXIII Domingo – Tiempo Ordinario

En este domingo, la liturgia va en la misma línea del domingo anterior y nos recuerda que sabe de la fragilidad del corazón humano, y que así mismo nos llama y nos ama. Él conoce las dudas que residen en el corazón del hombre, por las cuales, por veces, nos dejamos llevar hasta al punto de cegarnos, por lo que nos vislumbra en el mundo, encontrando cierta armonía, sin que caigamos en la cuenta de lo pasajero que es. Las consecuencias de ese vislumbrar está en la ceguera espiritual que nos, deja cojos, cuando atrapados por el pecado, alejándonos cada día más de la alegría del Evangelio.

Buena clave para saber por dónde caminamos en la vida interior es preguntarnos:

¿Cuándo fue la última vez que me he dejado maravillar por observar lo que sucede en mi vida?

¿Cuándo ha sido la última vez que he disfrutado de una buena música, o me he dejado embeber por un buen conjunto de palabras inspiradas, y en ellas encontrar alimento para el día?

¿Cuándo fue la última vez que me he asombrado con algo?

¿Cuándo fue la última vez que mis labios expresaron la alegría que llevo dentro?

Quizá no hace mucho tiempo, o quizá justo estás en este momento;pues alabado sea el Señor y sigue buscando como alimentar esa alegría para poder compartir con los demás… Sin embargo, puede ser que poco a poco te vas dando cuenta de que cada vez menos, esos episodios son presentes en tu vida, y piensas: “¡Peligro, al caer en la monotonía!”

Pues prepara tu corazón, porque puede ser que ésta sea la mejor corrección fraterna que nos puede dar el Señor a través de profeta Isaías:

“Sed Fuertes, no temáis.

Vuestro Dios viene en persona…

y os salvará…el páramo será un estanque, lo reseco un manantial.”

El mensaje es de esperanza y promesa de fidelidad, el salmo nos libera del cautivo y endereza a los que ya se doblan. En la segunda lectura, Santiago, nos presenta los valores que de verdad nos regresan la armonía y la alegría que se vamos gastando en el día a día… y todo está en la manera cómo nos relacionamos y nos dice:

“No juntéis la fe en nuestro Señor Jesucristo Glorioso con el favoritismo.”  Es decir que no nos dejemos engañar por las apariencias, que nos inducen a dar diferentes tratos dependiendo de la persona que tenemos presente. Antes, sí, tengamos claro que todos tenemos la misma dignidad de hijos de Dios, con necesidades diferentes, de esta manera, somos invitados a poner toda nuestra atención en las diferentes necesidades de cada persona y  no en los contentos de algunos… es que el que busca contento nunca se verá satisfecho y acaba esclavizar a la persona a sus caprichos, mientras que cuando buscamos responder a la necesidad de una persona, fácilmente te liberas por la alegría de una victoria desinteresada, y éstos son los que aman al Señor.

El Evangelio se presenta como el cumplimiento de la promesa que nos hace Dios por Isaías:

“Mirad a vuestro Dios… que viene en persona.”

Ésta persona es la esperanza del salmista y es el Maestro que ha enseñado tamaña Sabiduría a Santiago, Jesús nos demuestra, cómo salir al encuentro del necesitado, y con cual postura, en actitud de acogida al que sea, actitud de escucha a las necesidades de la persona implícita y de las preocupaciones de los que la rodean, y siempre con la delicadeza de no exponerla, actuando en la intimidad. Con ésta enseñanza, Jesús beneficia a la persona que sufre, pero también a las personas que están presentes les toca la gracia, pues el asombro que les provoca la acción y la presencia divina causa en el corazón del hombre un brote de esperanza, la misma esperanza que da testimonio de nuestra fe, pues en verdad, el ejemplo arrastra y Jesús, “Todo lo ha hecho bien”.

Este asombro puede hacer toda la diferencia, para los que trabajan para la construcción del reino de Dios.

Hna Andreia Botao

 

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