Ecos del Evangelio

9 julio, 2017 / Carmelitas
Yo os aliviaré

DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO XIV

Evangelio de San Mateo 11, 25-30

En aquel tiempo, exclamó Jesús: “Te doy gracias, Padre”. El Evangelio nos invita a ser personas agradecidas al estilo de Jesús, y los acontecimientos nos sobran para hacerlo. Se nos pasan los días, las semanas, los meses y los años, y muchas veces sin darnos cuenta también vamos perdiendo la capacidad de asombro ante las pequeñas cosas que nos brinda la vida: una sonrisa, un precioso amanecer, una puesta de sol y la naturaleza engalanada con su color y su frescura.

Seamos conscientes del torrente de gracia divina, de la presencia de Dios en nosotros, de la vida que nos alimenta, y es que todos sabemos que la vida es un regalo de nuestro Padre que hay que agradecer, disfrutar y compartir intensamente cada día con quienes tenemos a nuestro lado.

Estamos de verano, es una gran ocasión de descanso, tiempo de retirarnos a algún lugar tranquilo en el que podamos vivir con intensidad un día de retiro o tal vez unos ejercicios espirituales, donde podamos recuperar serenidad y mantener una relación más profunda con el Maestro, que nos ofrece algo diferente: su Palabra y su vida, Él solamente quiere darnos su amor.

Aprovechemos estos días para orar en profundidad, contemplar e ir a “Jesús”, quien nos invita diciéndonos. “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré”. A veces nos encontramos así, bien sea por el desgaste de energía que nos suponen las contrariedades y dificultades, derivadas de la convivencia, y otras veces por el trabajo intenso, correr de aquí para allá y de allá para acá y sin querer vamos cayendo en el activismo.

No perdamos el tiempo en ir a su lado, que Él nos enseñará a vivir desde la grandeza y el perdón de Dios, a ser capaces de relativizar y unificarlo todo desde el amor, solamente en Él encontraremos restauración física y espiritual. Es Jesús el descanso interior que tanto necesitamos. “Tú eres nuestro único y auténtico descanso”.

Ayúdanos Jesús a empaparnos de tu amor, ternura y alegría. Que no dejemos pasar el tiempo inútilmente en cosas pasajeras y vanas, enséñanos a vivir en: sencillez, sobriedad, mansedumbre y humildad. “Maestro, danos tu fortaleza y tu luz para seguirte a donde quiera que vayas”. Hna. Maricela Pérez García

 

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