Ecos del Evangelio

1 abril, 2017 / Carmelitas
Yo soy la Vida

DOMINGO V DE CUARESMA CICLO A 2017

En este ultimo domingo antes de los días mas grandes del cristianismo: la Semana Santa, la Palabra de Dios nos habla también del tema más importante: la Vida

“Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá: y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre”. Esto es lo que en el evangelio según S. Juan, dijo Jesús a su buena amiga Marta. E inmediatamente le preguntó: ¿Crees esto?”

Es decir, hoy hemos escuchado la afirmación más importante de todas las que hizo Cristo, en su predicación evangélica y la pregunta también mas importante que hizo a una persona. Pues esa afirmación y esa pregunta de entonces, están dirigidas también a nosotros.

La afirmación de Cristo es la columna vertebral de todo el evangelio y de toda la fe de cualquier creyente en cualquier época. Nos está diciendo que: los que están muertos resucitaran y los que estamos vivos moriremos, pero también resucitaremos.

Por eso ante esta afirmación tan contundente hay que fijarse en la respuesta de aquella mujer llamada Marta. A la pregunta de su amigo Jesús: “¿Crees esto?” responde con un: “Sí, Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”.

Es decir, porque cree en Jesús como Mesías, como Hijo de Dios, como Enviado del Padre, se atreve a decir que también cree en aquello tan difícil de creer para el hombre: que el que haya muerto, vivirá, y el que está vivo, no morirá para siempre. Es su fe en Jesús lo que permite a Marta dar el salto a la fe en la victoria de la Vida sobre la muerte, el salto a la fe en la resurrección personal.

La resurrección de Lázaro fue -según el evangelio de Juan- el último “signo” que obró Jesús antes de su pasión y muerte, el signo que anunciaba su propia resurrección .Él resucitará sin necesidad de que nadie quite la losa, sin necesidad de que nadie le libre de las vendas y del sudario, Él -sobre todo- resucitará no para volver a morir sino para vivir para siempre y gracias a su resurrección la nuestra.

En los domingos anteriores Jesús ha afirmado que Él es para nosotros la fuente de agua que brota para darnos vida; la luz que nos ilumina por el camino de la vida. Hoy nos ha dicho que Él es nuestra vida. Que estamos a llamados a la vida definitiva sin muerte, aunque para vencerla tengamos que pasar por la muerte.

Si nos paráramos a pensar esto, es que tendríamos que hacer repicar de alegría todas las campanas de todas las Iglesias del mundo.¿Hay alguna noticia mas grande que esta, para la humanidad y para esta sociedad nuestra en que la mayoría trata de sobrevivir , porque tiene no solo los pies, sino el corazón hundido en lo material, aun sabiendo que es como humo?

Cristo nos resucitará de la muerte, pero nosotros debemos de colaborar para que mucha gente deje de estar muerta antes ya de morir; y me explico.

En un mundo como el que nos toca vivir, donde la rentabilidad se ha erigido en la nueva divinidad que hay que adorar; donde todo es prácticamente objeto de explotación, no solo la naturaleza, sino el propio ser humano : ¡cuanta vanidad, egoísmo, ambición, hipocresía, fariseísmo, erotismo,. Y todo ello para engañarse y engañar, para infundir miedo y no permitir que el hombre sea verdaderamente libre. ¡Qué renta tan fabulosa se obtiene diariamente del miedo de los hombres!

Por miedo a perder un nombre, un prestigio, una popularidad; por miedo al que dirán… muchos renuncian a ser como Dios nos creó: hombres y mujeres libres, y ¡cuantos se venden como esclavos y se ven obligados a llevar a cabo acciones injustas, degradantes e indignas!

Sería incontable el número de los que tienen sellados los labios con oro, o las manos atadas con amenazas, o seco de miedo el corazón. A veces suspirando muchos dicen: “Ah, si pudiese hablar…, si yo dijese todo lo que sé…; si contase lo que yo he visto con mis propios ojos”. ¡Pero no hablan!

Tienen miedo. Mucho miedo. Son ya muertos vivientes. Prefieren no saber la mentira con que los engañan y mirar para otro lado o se apuntan a ella; el miedo les hace no denunciar las indignidades que ven; y cierran los ojos ante el hambre de pan y amor de mucha gente .Renuncian a resucitar a toda esa gente de las muertes en que están sumergidos. Porque de esas muertes, nosotros podríamos resucitar a mucha gente.

Cuando da miedo mirar de frente a un problema porque ya está corrompido y huele mal. Cuando uno tiene que evadirse como sea, porque mirarse hacia dentro no lleva más que a hundirse en la desesperanza. Es cuando esas personas ven la muerte “solo como fin” Y cuando la muerte se ve sólo como “el fin”, la muerte aterra.

De ahí -y no es pura coincidencia- que el tirano de turno, al igual que el delincuente, exploten al máximo el miedo de los hombres para asegurar el éxito de sus propósitos y garantizar el silencio y la complicidad de los hombres. Y lo malo del caso es que todo aquel que, por miedo, practica o encubre la injusticia, desfigura o escamotea la verdad, es ya sólo el despojo de una ejecución anticipada.

Es entonces – y es hoy- cuando sobre las tinieblas, sobre la muerte, sobre la desesperación, sobre el escepticismo, sobre la impotencia humana, suena la voz de Jesús

-¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios? Jesús sacando vida de la muerte invernal, nos llama a creer en Él para restaurar la esperanza y la vida. No nos llama como el mundo a dar una talla que bien hemos comprobado que no damos. Nos llama a la Fe. Cristo se acerca a nosotros para salvarnos: ” Yo mismo abriré tu sepulcro; y cuando Yo abra tu sepulcro, entonces sabrás y podrás proclamar que Yo soy la resurrección y la vida, y que quien cree en Mí, aunque haya muerto, vivirá”

El creyente, por si lo hemos olvidado, es alguien que confía en Dios, que se fía de Dios y que sigue a su Hijo Jesucristo.

¡Cuántas personas muertas en vida que viven de espaldas a la novedad del Evangelio! Prefieren quedarse en sus sepulcros fletados por el poder, el bienestar o el dinero.

¡Cuántas personas asfixiadas por las vendas de la seducción, de la apariencia o de la incredulidad! Han optado por lo efímero y, cualquier invitación a dejar todo su “modus vivendi” es poco menos que una injerencia o una falta de respeto a su libertad.

¡Cuántas personas rodeadas, no por “Martas ni Marías” sino por ambientes hostiles a la fe cuando no indiferentes, apáticos o descaradamente contrarios, y no se deciden a salir de ellos.

El evangelio de hoy nos interpela a todos:

¿Vivimos una vida como creyentes o como personas creídas? ¿Anunciamos la vida y denunciamos todo lo que sea muerte? ¿Somos portadores de la Buena Noticia de Jesús? ¿Recurrimos a Jesús para hacerles saber a muchos de que tal vez solo sobreviven porque ha dejado aparcado a Cristo? ¿Llamamos a Jesús para que nos socorra y nos reanime y luego seguimos sus caminos?

Hoy, con el Evangelio en mano, hay que gritar: ¡Sal fuera! de tus miserias, de tu cerrazón, de tu tristeza, de tus angustias, de tus pruebas o de tus cruces! ¡Sal fuera! Sólo así podremos llevar a Jesús a tantos hombres y mujeres que, en vida, ha muerto porque nadie les llevó a tiempo a Jesús fuente de vida. ¿Lo intentamos?

Llorar como Jesús la desaparición del amigo es manifestar el valor único de cada hombre concreto. Es saber que es misión de cada uno vivir haciendo vivir a los demás. Es reclamar una trascendencia, un sentido a nuestro paso por el mundo. Y ahí todos hemos de aprender. Sea vida breve o vida larga, es un tiempo para amar, para compartir de modo y manera que cada persona sea una bendición para los demás. Y toda muerte, todo dolor, todo vacío, un empobrecimiento del mundo.

La fe en la resurrección, es la fe en la plenitud de la vida, en otra vida cualitativamente distinta a está en que estamos sometidos a la muerte y a todo cuanto mortifica nuestra esperanza. “Cristo lo es todo para nosotros”, y dice:

Si quieres curar tus heridas, Cristo es médico. Si la fiebre te abrasa, Cristo es la fuente de agua fresca. Si te oprime el peso de la culpa, Cristo es la justicia. Si necesitas ayuda, Cristo es la fuerza. Si temes la muerte, Cristo es la vida. Si deseas el cielo, Cristo es el camino. Si huyes de las tinieblas, Cristo es la luz. Si buscas comida, Cristo es el alimento. “Buscad y ved que bueno es el Señor; dichoso el hombre que espera el Él”.

 

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