Ecos del Evangelio

31 agosto, 2018 / Carmelitas
REFLEXIÓN DOMINGO XXII

“Este pueblo me honra de labios afuera, pero su corazón está muy lejos de mí, inútilmente me rinden culto, pues enseñan doctrinas que solo son preceptos humanos.”

Jesús, a veces es duro en sus palabras, principalmente, con los más religiosos de su época, es decir, los Fariseos.

Pero ¿qué, cuan duro hablará con nosotros, católicos de domingo, laicos comprometidos, religiosos y religiosas, sacerdotes de hoy?

El Señor, se nos está reclamando algo, ¿qué és? ¿Cuándo es que lo honramos con los labios y no con el corazón? Estamos ante una llamada de atención… es necesario aprender a escuchar y a quien escuchar, de modo a que podamos vivir en coherencia con lo que nos pide Dios. En las lecturas de este domingo, en todas ellas, se hablan de los preceptos que el pueblo de Dios ha recibido, por la Palabra y que ha pasado de generación en generación. Y sí, Él sabe de las dificultades que encontramos en nuestro ser, tan humano y por eso, nos viene a demonstrar, en donde debemos poner toda nuestra atención: “Ser” más que: “hacer”.

Ante el reclamo de los Fariseos, porque los discípulos de Jesús, no cumplían la costumbre de la purificación, Jesús deja en evidencia la contradicción del que practica lo que se puede ver, pero no ve lo que está en el corazón de la persona, que es lo que la hace “SER”. Y nos dice:“oídme todos y entended: nada externo al ser humano puede hacerlo impuro. Lo que realmente hace impuro a uno es lo que sale del corazón…”

Ésta es la sabiduría de nuestro Dios, de lo que se alimenta nuestro corazón, esa será nuestra sabiduría, y ella está plantada en nuestro corazón, por Dios, es necesario dar-le agua y buena tierra y también espacio para que crezca. Espacios de silencio y de acogida, sin miedo de callar los sentidos para escuchar la voz de nuestro interior, que va siendo palabra cultivada y que necesita ser acogida y transportada a la vida. Hablamos de una escucha activa, acogedora que nos implique, y veremos que el precepto de que nos habla Dios, ya desde el antiguo testamento, no está en translucir lo externo (hacer), sino que está en cuidar lo interno (Ser), rica en una sabiduría sensata reflejada, en el: ser recto, justo y sincero en su interior, no calumniar, no hacer mal al prójimo, no humillar; no dar oídos al perverso y respectar al que es fiel al Señor, no fallar a lo que ha sido jurado (y por eso, no jurar en vano) y no sobornar contra al inocente. Lo demás son adornos, los cuales tienen su encanto, pero que pueden ofuscar la verdad a la cual no está llamando Jesús.

El que realmente ha escuchado, es testimonio vivo de los preceptos de Dios no por lo que hace, sino por lo que vive y en la manera como convive con sus hermanos, en ésta obediencia está la fidelidad a Dios, de Quien proviene todo el precepto, sabiduría y sensatez.

Hna. Andreia Botao

 

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